miércoles, 27 de abril de 2016

Nocturno

Me pasa prácticamente cada noche. Apago las luces y parece que se encienden los pensamientos, o, al menos, se aceleran. Es como si el cerebro no asumiera que es hora de descansar y no pensar en nada.

Me quedo mirando el techo. Resolviendo mentalmente todos y cada uno de los problemas del mundo. Mi mundo, para ser exactos. Hasta que en un momento explota todo y se apaga. Noto como se me adormecen las manos y se cierra el telón hasta mañana.

Y casi por error, en lo efímero de un sueño, he visto unos ojos que me miraban desde detrás de un libro...

"Por suerte y desde hace algún tiempo, mis insomnios carecen de nombre y apellidos..."

(Arri)


martes, 26 de abril de 2016

Polen

En el duerme vela que dan los treinta minutos de relax después de comer, habiendo dormido, como mucho, diez horas en los últimos dos días, he escuchado un sollozo y he notado un temblor dentro de mí.

Era mi corazón llorando.

Yo no he sabido muy bien qué decirle, y le he preguntado, dubitativo, que por qué lloraba. Él me ha contestado que no lo sabía, pero que hacía ya varios días que se sentía vacío.


Yo le he dicho que seguramente sería alergia al polen, o a las pelusas de los chopo, y me he quedado dormido lanzándole un antihistamínico a los pies. 


"Y pasé de soplar pestañas a dientes de león..." (Arri)

domingo, 24 de abril de 2016

Estado de sitio

Me hice una coraza con todas y cada una de las sonrisas que te robé. Blindé mi piel con los besos y caricias que me regalaste. Como yelmo, el huracán de suspiros que te provoqué, mezclados con esos pensamientos lascivos que te hacían enloquecer.

Por escudo, el cariño vertido en tus palabras, y la calidez de tu mirada. Mi fuerza residía en saliva, por eso me la dabas, por eso siempre volvía a por más, y me ungiste una cruz con tus flujos en mi frente.

Mi valor fueron dos manos entrelazadas y la complicidad de unos ojos que observaban cómo el mundo se detenía cuando nuestros cuerpos se fundían en uno solo en la estrechez de una cama de setenta..

No me hacían falta armas para ganar esta guerra, la tuya y la mía, las de cama y almohada, si acaso, algún verso desaliñado y desteñido, y los mordiscos en los labios para probar el sabor del verbo amar.

Pero ahora... reina la paz.  

"Te has colado, donde nunca habían entrado, en mi paz interna, donde reina el caos..."
(Carlos Chaouen & A Contraverso - Deuda Pendiente). 


Brindando

Lléname la copa y brindaremos por todos los malos momentos, y por los días de mierda que no acabaron con nosotros, y por las heridas abiertas que supuran, y por todas nuestras derrotas y fracasos.

Alza la copa, aún es temprano, bebe y vuélvemela a llenar.

Ahora brindo por la sonrisa que me pinto cada día, por intentar ser mejor persona, por tener principios, por no ser mejor que nadie, por ser sincero, por lo de siempre: luchar sin descanso, por las treguas de treinta segundos que da la vida, por las veces que llamo a Dios antes de correrme con cualquier desconocida, por las injusticias que me hacen apretar los puños.

Otra más.

Brindo por las sonrisas que me sacó, por los buenos momentos, por los apoyos en mis flaquezas, por la belleza de los recuerdos, por los polvos que no caerán en el olvido, por los besos que recargaban pilas, por el sexo impregnando cada uno de nuestros rincones, por los abrazos y caricias.

Rellena.

Por la resaca de los domingos y el olvido de los lunes.

Tira la copa hacia atrás.

Por las "buenas noches" que arreglan días y por los "buenos días" que pintan alegrías, y por las alegrías que dibujan las curvas más sensuales de tu cuerpo de mujer: tu sonrisa.



"Si me viste borracho no me lo tengas en cuenta, posiblemente sólo buscaba matar unos cuantos recuerdos" (Arri).

  

martes, 19 de abril de 2016

1907

"Es sabio, pues tiene razones que sólo él sabe.
Es liviano, pues dentro de él sólo caben sueños.
Está muerto, pues por él he escuchado más de un réquiem.
Es insignificante, pues para muchas fue un adorno baladí.
Es tan brillante, que creerías que está hecho de zinc.
Es flexible, pues cualquiera puede llevárselo en el bolsillo.
Es sensible, porque cuando siente dolor te hace sufrir.
Es indómito, pues cuanto más le intentas callar, más fuerte grita.
Está roto, mas sigue funcionando, y en él puedes observar alguna cicatriz.
Es frágil, pues cualquier mirada puede romperlo.
Es infatigable, y nunca descansa, ni siquiera cuando lo destrozan".


- Bandolero, dime qué es.

- Te lo diré otro día gitana de labios gruesos, porque ahí viene la Guardia Civil...

Y jamás volvió a verlo. 

"Y hay que callar,
si el corazón nos pide escuchar..."

(Apalanke - Puñaos de mierda)

jueves, 14 de abril de 2016

Oral

Escribía de manera frenética en el ordenador, con tanto ímpetu que parecía que las teclas iban a saltar volando en cualquier momento. En su cara el estrés y las ojeras, detrás del cristal de unas gafas de pasta. Las uñas pintadas de un granate oscuro y el descontrol de haberse desmaquillado a medias y con prisa. Respiraba agitada.

Él se aceró por detrás sigiloso y la besó en la mejilla mientras apoyaba sus dos manos en sus hombros. Era uno de esos momentos en los que no hacía falta decir nada. Masajeó un par de veces los omóplatos y le dijo que la cena estaba lista.


Después de cenar se tumbaron un momento en el sofá y la abrazó fuertemente. "Sé que hoy no es un buen día, pero relájate diez minutos. Cierra los ojos, túmbate y disfruta".

Comenzó besándola suavemente en los labios, después la mordió un poco el labio, mientras sus manos comenzaban a recorrer su cuerpo por debajo del pijama. Bajó besándole en el cuello, con besitos pequeños, de esos que hacen que se te erice el vello, y de ahí hasta morderle la oreja mientras notaba cómo se excitaba poco a poco.

Sus manos bajaban poco a poco por su tronco, jugando con sus pezones, deslizándose hasta sus caderas, y a aquel culo redondo que tanto le gustaba. La ropa sobraba. Ella disfrutaba, y parecía que todo el estrés acumulado desaparecía. La empezó a desnudar, mientras con su mano derecha exploraba el tesoro que guardaban sus piernas. Se lamió los dedos mirándole a los ojos y se los restregó por la vagina antes de introducirlos poco a poco. En ese momento le mordió con malicia los pezones, y pudo escuchar cómo se escapaba un gemido de su boca.

Le miró a los ojos mientras metía cada vez un poco más hondo y más fuerte sus dedos. Ella le miraba excitada. Él acercó su boca a la suya, sacando la lengua por fuera y jugaron con ellas por fuera. Él apretaba con más fuerza dentro y ella lo notaba dando sacudidas y abriendo la boca y cerrando los ojos.

Volvió a besarle el cuello, y bajó poco a poco, chupó sus pezones y bajó dejando un reguero de saliva por su ombligo, hasta llegar a vulva rosada, hinchada y chorreando flujos. Comenzó a saborearlo, introduciendo su lengua poco a poco, lamiéndolo con fuerza desde fuera, mientras sus dedos seguían haciendo prospección dentro de ella.

Ella se excitaba cada vez más y apretaba su cabeza contra sí, pidiendo más y más. Él lo notaba y sonreía mientras le miraba a la cara. Eso hacía que la libido le subiera aún más. Con una mano rodeaba su muslo y empujaba hacia arriba sus pliegues de piel, dejando ver el clítoris. Él lo chupaba con la punta de la lengua, jugando a dibujar sobre él.

Sus dedos se movían cada vez más deprisa dentro de ella y su lengua. Ella gemía y encorvaba su espalda, sin querer que se despegara de ella ni un instante. Empezó a temblar poco a poco. Gritaba cada vez más y más. Sus piernas abrazaron su cuello. Su columna parecía ir a partirse. Gritó fuerte echando la cabeza hacia atrás y cayó desplomada hacia atrás, con los ojos en blanco sin parar de decir "joder, joder, joder, joder".

Sus piernas se tambaleaban, su respiración se relajó.

- Creo que ahora puedes seguir trabajando, princesa - dijo él.

"Todos nos merecemos a alguien que nos quite las penas con una buena dosis de sexo oral cuando tenemos un día de mierda..." - (Arri).  




Ambigrama

Sé que me odias, y no te culpo por ello.

He resucitado todo aquello que un día creíste extinto y soterrado. Lo que guardaste en un cofre bajo llave, envuelto en acero, bajo tres capas de cemento y dos metros de tierra.

He conseguido que vuelvas a sonreír, que te brillen los ojos, que sientas que la magia existe por un momento, que te preguntes por alguien más que por ti misma, que pienses y reflexiones. Que sientas ilusión por algo más que llegar viva al final del día.

Sé que me odias. Y yo a ti también. Por dejarme hacerlo y creérmelo, por un instante.

"No llegué a saber la verdad nunca, pero sí sé
que a veces me odio, y luego se me
pasa, sabiendo que llegué a olvidarme contigo". 
(Arri)

Da igual como lo leas, del derecho o del revés, significará lo mismo, con el texto, exactamente igual, tú o yo.