domingo, 7 de febrero de 2021

El final

 El techo me mira fijamente y me habla. Hoy no me va a dejar dormir. Ni después de cuatro tilas bajan las pulsaciones ni las taquicardias. Hasta la boca se reseca y las cuerdas vocales se enredan haciendo nudos que ni Houdini sería capaz de deshacer. Ya no hay palabras. Solo silencio. La cabeza se dobla mirando al suelo ante la inexorable realidad: Somos un fuimos. 

Y resbalan lágrimas pensando que pudimos ser y no fuimos, que jamás seremos. Que lo dimos todo y perdimos, incluso a nosotros mismos. La lluvia que nos mojaba hoy era de plomo, y nos pesaba. Nos hundimos en el cieno pétreo de una ciudad impersonal. Ahora el sabor amargo en las papilas, la carga eterna del odio propio y la culpa, el dolor escrito con tinta por cada uno de nuestros tatuajes. El corazón y la daga, la frase de Ovidio.

Pensar que esto es un escollo, que hay pasos detrás, recordar con mimo todos y cada uno de los buenos momentos que nos hemos regalado, y no olvidarlo. Sobre todo eso, no olvidarlo. Y prometerme no odiarte jamás porque una parte de mi corazón, ha sido, es y será tuyo. 

...lo más triste es saber que las meigas tenían razón...




domingo, 10 de enero de 2021

La nada

Quién diría que la transparencia y la opacidad son tan similares, si en realidad son todo lo contrario. Pero son convivientes en mis adentros. La transparencia refleja lo que se ve en mí: nada. La opacidad permite ver todo lo que hay en mí: nada. La nada lo es todo. Una llamada en silencio, un grito ahogado, si no es lo que dice, es lo que escucha. 

Nada es lo que me ha empujado a girar la llave de la puerta que cerré el viernes para salir fuera. Nada me esperaba en ningún sitio. Ni la nieve. Nada quise ver, ni tan siquiera mi rostro en el espejo. Nada entra ni sale por las ventanas. 

Y a la vez todo. He vuelto a experimentar la misma sensación que tuve a finales de julio. La de respirar hondo y soltar el aire entrecortado, el temblor del labio inferior y el notar cómo los ojos se humedecían. Notar un crujido más adentro de las costillas y tener que respirar por boca. Mirar hacia arriba, buscando una respuesta que nunca llegará... y obligarme a seguir viviendo.


"Estoy pensando en montar un parque temático, y en lugar de montaña rusa poner mi estado de ánimo..." (Piezas & Jayder - Retales).

viernes, 8 de enero de 2021

Sinner

La habré cagado una y mil veces y jamás me arrepentiré, siempre que la mierda me haya salpicado únicamente a mí, pero si hay algo que sí me quita el sueño es saber que mis actos han hecho daño a alguien que aprecio. Esa sensación visceral que sube como una serpiente desde las entrañas por la boca y que te hace vomitar bilis que se transforma en dolor de cabeza y mareos, en escalofríos que te retuercen los intestinos y que te difuminan cuando te miras en el espejo. 

Convertirse en el ser más impertinente del mundo, elegir el peor día, el peor momento, el peor lugar, las peores palabras... y hacer daño a quien más quieres.

Intentar relativizar nunca tuvo mayor sinsentido, ni incapacidad propia, ni posibilidad de abstracción. El dolor ha tocado en la puerta y la he abierto de par en par, invitándole a pasar, y lo que es peor, dándole la dirección de mi otro corazón.


"Y rómpeme los ojos para verte, he madrugado sin olvidar quererte,
siempre improviso... cuando me llega la muerte" (La sombra del grajo - Para siempre todavía)


domingo, 3 de enero de 2021

Tahúr

 Han venido a mi mente los recuerdos de un antaño no tan lejano, el sonido de los cristales rotos y el reflejo del sol veraniego sobre ellos, donde llegué a un lugar extraño y me senté en el suelo a esperar. Donde miraba con anhelo el vacío, intentando fundirme con él mientras sonaban colaboraciones de Kutxi Romero y una gruesa capa de sal cubría todas y cada una de mis heridas, abiertas y relamidas. E intentando relativizar he subido la música para no escuchar mis pensamientos golpeando los barrotes de mi mente haciendo un ruido infernal. 

Ponerme la camisa para ser un desencanto encantador, un trilero de sentimientos, un tahúr de emociones, una mentira poco cuajada que sonríe al espejo mientras por dentro está hecho pedazos y que huye del sufrimiento mental refugiándose en el dolor físico. 


"Supo amarga la verdad, llueve negro, suenan campanas..." (Déjà vù - Natos & Recycled J).



viernes, 1 de enero de 2021

Pareidolia

 Estoy sentado en el taburete con una taza de café en las manos, que desprende humo y aroma, la calidez que transmite no se expande por los pies. Tengo la cabeza a diez mil revoluciones por minuto y la mirada vacía. Estoy de cuerpo presente pero no de mente. Ésta está en algo parecido a Vietnam, hay explosiones y napalm, o tal vez un cuadro de Goya, "Duelo a garrotazos". O dos lobos luchando a muerte.

Rostro duro, pétreo, casi de rigor romano, mirada mate, imperturbable a los golpes que propina el del lado izquierdo del pecho. Vacío. Perdido en una vorágine de pensamientos, o siendo arrastrado por ellos. Observar al pared del patio interior, una mancha o un desconchón, y entre la pareidolia o la psicodelia, ver cómo se va dibujando un tiburón blanco. 

Escuchar el silencio riendo a carcajada mientras me susurra al oído las preguntas más incómodas que jamás nadie me hizo, siendo el mismo silencio quien las contesta. Suspiro y bajo la mirada al café. Solo, oscuro y amargo. Un trago y medio. Y dejar que toda esa oscuridad tome forma de gólem y comience a deambular por todos los pasillos de la memoria.

martes, 22 de diciembre de 2020

Ma' Pein

 Relativizar. Quitarle hierro al asunto. Hacer un chiste de un problema. Pensar que tu "yo" del futuro ya se encargará de arreglarlo todo cuando llegue el momento. Hacer cábalas, castillos de arena y torres de naipes. 

Ningún atajo evitará llegar a un cruce, al momento de decidir, de elegir. Escoger. Tomar una decisión. Aunque sea una huida hacia adelante, un salto al vacío, una encomienda al olvido. 

Dicen que ninguna mar en calma hizo buenos marineros. Que se reservan las peores batallas a los mejores soldados. Que solo algunos están lo suficientemente preparados. Que cuando llueve los pajarillos se mojan y las águilas vuelan por encima de las nubes. Un sinfín de frases de mierda para justificar el dolor.

Porque el esfuerzo y el sacrificio lleva implícito el dolor dentro de su definición, aplicándose con más o menos fervor dependiendo del momento. Y duele -claro que duele-. Porque está en la naturaleza del ser humano. No de todos pero sí de unos pocos. Es un dolor soportable, y en parte, ciertamente adictivo. No sé muy bien por qué. Quizás por la sensación de placer cuando se acaba, quizás por la compañía que te hace o porque te recuerda que sigues vivo. 

Ninguna explicación te llevará a comprenderlo, ni te aliviará. Porque el dolor hay que vivirlo, y sentirlo. En ocasiones abrazarlo tan fuertemente que atraviese la piel y a veces desterrarlo al más oscuro de los callejones de la memoria. Y allí es donde el dolor conoció al miedo y a la tristeza, y crearon un alter ego con pinceladas de locura e incomprensión y cucharadas de rabia. Donde éste se bautizó con la sangre de los nudillos descargados de golpear a la pared. Donde nació el último samurái. 



"El mundo se cae sobre mi pecho, que pena me da tener seguir sonriendo" -(Kaze)





sábado, 21 de noviembre de 2020

Pandemic

 Si supiera que mañana fuera a morir cambiaría muchas cosas. Viviría más intensamente, reiría más, perdonaría antes, me enfadaría menos, olvidaría en menos tiempo, escucharía otra vez aquella canción, me tomaría otra cerveza, eructaría en público y mandaría a tomar por culo a más de uno.

Pero esa percepción aún no la tengo. Sé que mañana amanecerá, que volveré a despertarme y el mundo seguirá girando, imperturbable a los ojos del profano. Aún no tengo la sensación de que la parca se aproxime con su capa negra y su mano blanca, a arrebatarme todo lo que tengo.

Quizás si fuera así, valoraría más las cosas, me centraría en lo importante. Los abrazos fuertes, el entrelazar las manos, los besos con vino, bailar y cantar con la música bien alta, un café humeante con un trozo de tarta o un chuletón con patatas fritas. 

Tal vez lo que nos haga falta es un susto para recordar. O que una pandemia mundial te toque de cerca.