lunes, 5 de noviembre de 2018

Esencial

De un frente a frente, de un ombligo a ombligo, de la simbiosis de dos labios sedientos pasamos al entrelazar las manos en un estado narcoléptico. Sin estar demasiado atentos, sin ver demasiado bien con los ojos, descubrimos nuevos paisajes sobre la piel.

La rugosidad de las cicatrices sobre la espalda, o el alma, el tacto diferente, como si una carcoma invencible nos hubiese consumido por dentro. Un síntoma, o una enfermedad. Un dolor tan intenso que hiciera que la carne se plegara sobre sí, y nos disfrazara de saurios de sangre fría y tez impenetrable. La belleza más pura mostrando la cara más amarga del fracaso.

El saber que lo más esencial, es, a veces, imperceptible a los ojos. Que es necesario cerrarlos, escuchar los latidos colocando la cabeza en el pecho, respirar el mismo aire, y recorrer con caricias cada una de las bregaduras que el paso de la vida dejó en nuestros cuerpos, para así, llegar a comprender por qué a veces, el Edén no está tan alto, ni el Infierno tan profundo. 


"Yo cogí mis alas rotas y las guardé como un tesoro,
el tiempo lo cura y a la vez lo mata todo"
(Locus ft Dante)

viernes, 2 de noviembre de 2018

Luna


Pasar de contar estrellas en el balcón a salir a encontrarlas. Caminar buscando una luna que ande sola como cantaba el Robe. Dejar de apuñalarme el vientre tres veces al día.

Encontrar una paz sustancial en el valor de una caricia o de un beso.

Pensar demasiado poco, tener demasiado miedo. Sentir cómo el prisionero de entre las costillas muerde los barrotes, el sabor metálico en la boca, y esa extraña sensación de volar sin alas. El vértigo del abismo, el barranco de tu cintura, morderte un labio, cerrar los ojos. La tormenta descargando, y preparar veinte puntos de sutura nuevos, por si las moscas, todo por el placer de saber que…

…piel con piel, se duerme mejor.



"De un acierto hago un disgusto y de un disgusto un carnaval..." (Noprocede)

lunes, 29 de octubre de 2018

Tarde


Cuando te acuerdes de mí será ya demasiado tarde.

Los gatos maullándole a la luna, el fuego en los pies, la escarcha en el alma, y darse cuenta en ese mismo instante del valor de los pequeños gestos. El beso en la frente y la taza de chocolate caliente al llegar con la nariz congelada y los copos de nieve entre el cabello defenestrarán las últimas botellas de Moet en aquel garito pijo.

Cuando te acuerdas mí, es ya demasiado tarde
.
Los perros ladrando mi nombre, los gatos ronroneando el tuyo. Recordando los yermos páramos del amor, donde sólo follábamos, como delante de aquel espejo, como atada a aquella cama de pies y manos, vendada y sensitiva. Cuando los mordiscos no dejaban cicatrices, ni los arañazos en la espalda, y jugábamos a ser dioses griegos entre las sábanas.

Cuando te acordaste de mí, fue ya demasiado tarde.

Puse tierra de por medio, vacié en los ríos la tinta de mis venas y dejé que éstos te cantaran mis últimos sonetos. Por este bufón del tres al cuarto, disléxico de emociones hasta que te vio, por este contable de latidos perdidos, por este payaso cuya máxima aspiración en la vida no fue robarte un beso, sino sacarte una sonrisa.


"Y enterrar a tres metros bajo el suelo, en una caja la pena y el miedo" - (Noprocede).

martes, 16 de octubre de 2018

3 a.m.

Y salimos del bar en mitad de la tormenta, sin paraguas, sin complejos, sin apenas remordimientos.

No corrimos a los soportales, caminamos bajo la lluvia saltando sobre los charcos, intentando lavar el alma, vaciar la mochila del pasado, resetear la mente y curarnos el alma. Deseamos que se nos calara la ropa para tener excusa para subir a casa. Jugamos a quitárnosla con prisa, a modernos, a besarnos, a tatuarnos las caricias en la piel, a quedarnos pegados por el sudor mientras follamos, a dormir abrazados, fingiendo que nos daban miedo los truenos y los relámpagos.

Nos despertó la mañana, con el sonido del viento que arrastra las semillas de los dientes del león y las pestañas sopladas, con el silencio que construyen los deseos de madrugada...

Y no tuvimos miedos, remordimientos, ni complejos, para decir "no te marches", ni contestar "yo me quedo". 

Qué bien te queda el vestido de escarcha - Vito.




jueves, 6 de septiembre de 2018

Constantinopla

El ceño fruncido, la mirada iracunda, los dientes apretados, casi más que los puños, los nudillos ya pelados de pelear a muerte contra todos los demonios que habitan en mí, sin ser capaz de vencerlos. El fuego rodeándolo todo, el calor, el sudor resbalando por cada centímetro de piel. Mi guerra eterna, sí, mía, y de nadie más, contra las circunstancias, contra el mundo, contra todo, contra todos, y sin ser capaz de doblegar el espíritu, sin rendirse, sin pestañear, sin notar, cómo, a cada uno de los golpes recibidos, el alma se ha ido resquebrajando hasta quedar hecho astillas. 

De repente, el derrumbe. 

Entre las sombras apareces, con túnica blanca y trenza romana, caminando entre llamas y demonios, te acercas y me miras. Te agachas y acaricias mi rostro, y te miro a los ojos...

Y despertamos, sin abrir los ojos, en el mismo bar donde te dije que no te enamoraras de mí. Te separas de mis labios, asustada.

Me miras desconcertada. El labio te tiembla, y hasta las manos. Los ojos se tornan vidriosos... Yo sigo impertérrito, esperando que gesticules, o me beses, o me hables. Cambias tu mirada, mezclas dulzura y misterio. Suspiras y me abrazas con ternura, agarrándome fuerte la espalda, mientras me susurras al oído: Creo que somos dos bonitos monumentos en ruinas.



Quiero mirarte a la cara y decir que sí (La Desbandada)

viernes, 31 de agosto de 2018

Índico

Estábamos en uno de esos sueños raros de los que nunca te quieres despertar.

Apareciste entre el mar y la arena, vestida de agua y sal, aún chorreando agua por cada uno de tus cabellos. Los ojos del color de las playas del Índico en Bali, la piel tostada y suave por la que las gotas echaban carreras suicidas hasta tocar el suelo. La sonrisa descarada y brillante, mientras te acercas a mí escurriéndote el pelo. 

Te sientas a mi vera, me sonríes y me acaricias el pelo, pasas tu mano por mi barba y te tumbas a mi lado. Mis manos empiezan a jugar con las tuyas, te busco las cosquillas y se te escapa una carcajada. Me abrazo a tus piernas y muerdo la parte de abajo de tu bikini, intentando quitártelo a bocados, sin vergüenza alguna. Sigo jugando con tu cuerpo, mientras tú juegas con mi corazón sin que yo me haya dado cuenta, y siento de cerca la serenidad y la calma, la paz más absoluta cuando me hundo en tus ojos, cuando me miras y dejo de sufrir por un momento.

De fondo el tic-tac del un reloj al que se le escapan los segundos, se le vuelan los minutos y se le destrozan las horas cayendo al suelo, como los besos que nos damos, que nos tiramos, que se nos olvida darnos, como las caricias que con arena pintamos en nuestras pieles. Y te despides de mí con un beso, diciéndome, que es hora de despertar...

Y desde entonces, todos mis insominios, llevan tu nombre.


"Los besos son gatos con más de ocho vidas" (Whisky Caravan).

sábado, 18 de agosto de 2018

Instrospección

- Creo que no deberías enamorarte de mí-dije apesadumbrado-.
- No entiendo por qué dices eso-dijo ella agarrándome las manos y mirándome a los ojos.
- Cierra los ojos y vuela conmigo, te lo enseñaré -y la besé.

Empezaron a fluir los pensamientos, las emociones, los secretos más oscuros. El tiempo se paró. Nadie más en aquella estancia podía ver, oír o sentir lo que en ese momento ella experimentaba, todo aquello que yo ya sabía. Comenzó sumergiéndose en el abismo de mis pupilas.

Un vergel de emociones convertidas en torbellino donde la risa y el llanto se mezclaban, donde la alegría bailaba un vals con la tristeza, y la ira permanecía atada a una camilla como el Dr. Lécter. Una habitación oscura, un anciano escribiendo con pluma, en el suelo cristales rotos, una botella de vino vacía, dos guantes de boxeo con la piel descamada, una margarita deshojada, las semillas de los dientes de león junto con las pestañas sopladas. Un cristo boca abajo y girado contra la pared. 

Y entre la podredumbre, el llanto de un bebé que desconcha con luz la oscuridad de las esquinas, que transforma al viejo en joven, y éste cambia la pluma por los guantes... Asómate a su cuna. ¿Te has visto? Eres tú con de pequeñita. 

Abriste los ojos... y me ahogué en ese azul intenso que tienen tus ojos.



"El mar siempre vencerá a la roca" (Arri).