jueves, 14 de junio de 2018

El Emplazado

Haz una introspección y no verás nada.

Tan sólo un desierto de sal, un páramo yermo donde nada crece. Cierra los ojos, intenta escuchar una voz que te guíe. El silencio contestará con alaridos. Olfatea el viento, intentando encontrar un olor familiar, un rastro de vida, un recuerdo inerte. Nada.

Bienvenido al cementerio de los románticos. 

Has envuelto en una paño de marcado acento romano los restos de un manido corazón palpitante. A cada latido, un poco más de veneno, a cada memoria, un centímetro más de herida, por cada promesa incumplida, un gramo de sal en ella. 

Un bandada de negros pensamientos se ciñe sobre ti, formando una nebulosa que no te deja ver el sol. Embalsama el corazón, riega las cicutas y ortigas que nacen de tu costado, sumérgete en el agua y deja que los bueyes del agua te embistan, limpiando tu ser, purgando la ponzoña, apretando tus purulentas llagas, repletas de odio, cargadas de incomprensión, y prepárate para un nuevo amanecer.


[Basado en el Romance del Emplazado, de Lorca].

martes, 29 de mayo de 2018

Tennessee

Salir a la calle y sentir la lluvia, bailar bajo ella, saltar los charcos o chapotearlos. Ver cómo por los regueros que ésta forma van descendiendo los restos de tiempos pasados, de corazones rotos, carcomidos, roídos por las ratas o picoteados por los cuervos. Y cómo, detrás de ellos, corren a ciegas recolectándolos, cientos de nuevos poetas de mierda, sin darse cuenta de que su falsa tristeza gris empieza a desteñir, impregnándolo todo, dejando a la vista la oscura bestia bastarda que vive bajo su piel. 

Yo veo todo esto desde detrás de mi ventana, descojonándome, con una copa con dos hielos y una botella de Jack Daniels, un folio en blanco y un boli bic.

La misma que escondías detrás de tu culo cuando venías a verme en lencería fina, el mismo licor que emanaba de tus labios cuando me abrazabas por detrás besándome en las mejillas, escueta de ropa, candente de pasiones. El mismo que era testigo de cómo tirábamos todo al suelo, nos arrancábamos la ropa y follábamos sobre el escritorio. 

Vuelve a visitarme con esa botella. Bésame esta noche. Abrázame mientras explota el mundo. Fóllame y no me dejes dormir, hasta que un futuro demasiado cierto nos atrape...

...el saber que serán los nuestros los siguientes corazones descuartizados que arrastrará la lluvia. 



"Le pedí a Dios que te protegiera siendo ateo" (Arri).

sábado, 26 de mayo de 2018

Agujeros de gusano

Se han escapado los días en los que caminábamos desnudos por la arena de la playa, en los que construíamos cabañas junto a lagos, en los que vestíamos las paredes con gemidos y flujos. Ahora vuelan gaviotas con la brisa del mar sobre los restos de nuestros castillos de arena, aquellos que el mar destruyó para escribir nuestro epitafio y que volverá a borrar para reescribir nuestros destinos.

Las horas perdidas llaman a la puerta, obedeciendo a un dios impetuoso y cruel llamado Tiempo, intentando que vuelen reproches, palabras sucias llenas de rencor, emborronando todo lo que un día fuimos. El estrés golpea las cabezas, la tuya, la mía, destroza corazones limpios, contamina emociones y sentimientos, atenaza el pecho, hundiendo sus garras justo por debajo de las costillas y dejándonos sin respiración. Aguanta el golpe. No te hundas.

Dentro de poco, seremos dos universos paralelos, dos realidades distintas, dos caminos que se miran sin llegar a tocarse, pero que se recuerdan, charlan y sonríen.




domingo, 20 de mayo de 2018

Noches

Le tengo miedo a las noches, a apagar la luz y que vengan tus recuerdos a mi mente, a que ninguno de los malos momentos se presente, y me obligue a recordarte tal como eres. 

A la sonrisa de niña pequeña, a la inocente sensualidad de una nínfula entrada en edad. Al tacto suave de tu piel, al despertar abrazados. Al disfraz que nos poníamos para evitar admitir que estábamos hechos pedazos, que éramos irreconstruibles. A los besos y abrazos que sólo fueron cuidados paliativos, dulces y mórficos, que nos llevaron hasta el punto omega. 

Nos despedimos sin decir adiós, llorando por una segunda parte, cuando yo esté menos roto, cuando tú estés menos descosida, cuando queramos volver a vernos, cuando queramos cerrar la herida.



"Se llenan los sumideros de palabras, de promesas, de tequieros..." (Martín Romero).

miércoles, 18 de abril de 2018

Dos rombos

...ha decidido seguir mis huellas ensangrentadas, hacer como si no hubiera pasado nada, llamar a mi puerta, donde colgaba mi esquela, y preguntar si aún vivía allí. No le importaron los nidos de cuervos, ni el alambre de espino, ni los campos de minas, tampoco la oscuridad perpetua, el olor a cerrado, ni las decenas de botellines de Mahou cinco estrellas tirados por el salón. 

Abre la puerta y me encontra como otras tantas veces, en pantalón, frente al espejo, dudando sobre qué coño hacer con el pelo de mi barba. 

Me abraza por detrás, por debajo de mis hombros hacia arriba, y coloca su cabeza detrás, quizás para cercionarse de que no haya ningún impulso eléctrico. Después asoma la cabeza y sobre mi hombro y me susurra al oído una de esas mentiras que tanto me gustaba oír: "Te he echado de menos". 

Estallan en pompas verdes algunas de las mariposas vomitadas, otras, alicortadas, intenta trepar por el borde del lavabo, las menos, con un ala completa se suicidan intentando echar a volar. No hay mucho más que decir.

Una mano al cuello, la otra a las manos, y un beso mordido con rabia y lascivia, en los labios, mi mano bajando por tus senos, mi lengua rozando tu cuello. Te encorvas mientras te sigo recorriendo, el piercing de tu ombligo, un pellizco. Mi nueva habilidad de desabrochar tu falda con una mano, bajar la cremallera y palpar por dentro de tu tanga. Me miras a los ojos y exhalas. Sabes lo que va a pasar. Y no pestañeo. Índice y anular haciendo círculos por dentro, llamando a las puertas del cielo, antes de que se abran y salgan tus flujos. Otro beso, casi sádico, cuando se abre tu entrepierna, y tus ojos se cierran. 

Caen al suelo las vergüenzas, la falda, los miedos, los insultos, mis pantalones, tu tanga, las veces que nos hicimos daño sin querer. Te apoyas en el lavabo, frente al espejo. Yo me agacho, tú te inclinas, y me dejas hacer esas cosas que tanto nos gustaban, lengua, dedos, cavidades corporales, saliva y flujos, gritos y temblores, casi mareos. 

Después me incorporo, y te penetro, mis dedos a tu boca, la mano a tus caderas, tu culo hacia atrás. Empujas. Empujo. Nos miramos en el espejo, sin reconocernos pero sin parar, mi mano en tu pecho, con el sudor resbalando por cada centímetro cuadrado de nuestra piel de lobo, piernas abiertas, pezones duros, gemidos de placer, nombrar a Dios en las tres décimas de segundo anteriores a corrernos. Los temblores, la flojera de piernas, la paz inmensa de diez segundos al sentirnos vulnerables que desaparece cuando subes tu falda y yo decido seguir escrutando mi tez, pensando qué cojones hacer con mi barba. 



"Acércate despacio y cómeme deprisa que me sobra todo menos tu piel" (La desbandada)


viernes, 6 de abril de 2018

Alma

Sale del bar y suspira, mira a la luna mientras le da un trago a su gin tonic. Ha dejado la marca de sus labios en el borde de la copa, carmín rojo, del color más fuerte de las pasiones, del sexo más salvaje, de la sangre y los mordiscos en los besos, del polvo rápido frente al espejo del baño del bar, oscuro, donde  permanezco sentado.

Vuelve a mirar a la luna, y se enciende un cigarrillo, se coloca las gafas. Exhala y vacía el humo de sus pulmones, echándolo hacia arriba, y se frota la frente buscando la respuesta a sus porqués. Y sin querer le vienen los recuerdos, escondidos detrás del perfume de un desconocido que pasa por detrás. Vuelve a mirar a la luna, y esta vez ésta le devuelve la mirada, acariciándole la cara, con la ternura del que sabe que no hay marcha atrás. 

Mira su pitillo, intentando vislumbrar entre el humo un atisbo de futuro, un rescoldo rusiente de amor, una cara amiga, una follada con ternura, la delicadeza del sexo sucio sin tener que preocuparse por salir corriendo. 

Fuma.

Y se le acercan buitres vendiendo humo y poesía. Lo mira y lo ignora. Se gira, dejando al descubierto su costado tatuado, intentando enmascarar las laceraciones de los amores yermos, de las promesas vacías, de los futuros plenos de incertidumbre, sin saber que la cicatriz más profunda y hermosa es la que lleva oculta. La que tiene miedo a mostrar, la que a nadie deja intentar recomponer, la que lleva en lo más fondo del alma.

Bebe mientras sigue preguntándose si volverá a encontrarse a sí misma...
... en las huellas que dejé llenas de sangre después de que me arrancara el corazón...



Yo tan roto y tú tan descosida....

miércoles, 4 de abril de 2018

CCAVM

Y entre toda la muchedumbre del metro, la vi, y supe que era ella. Intercambiamos miradas, después una sonrisa. Me acerqué a hablar con ella. Sonreía mientras se acariciaba el pelo. Y en aquel momento, supe que era el amor de mi vida, que quería pasar la eternidad de mis días junto a ella. 

La verdad es que no fue así. 

Nos conocimos por Tinder. Quedamos a tomar un copa y echar un polvo, sin mucha más pretensión que quitarnos el estrés de una vida que nos ahogaba. Del bar a su piso, de su piso a la cama. Sudar, cambiar de posición, gritar, macharlo todo. Vestirse y marcharse sin despedirse, escudarse en que mañana trabajo y madrugo. Descuartizar cualquier atisbo de sentimiento y soterrarlo. Llegar a casa y buscar la siguiente cita sin haberme duchado, aún con su olor en mi piel. Escupirle al espejo el "yo no repito", "soy un espíritu libre", "no quiero ataduras", "no eres tú, soy yo...", hacerme más viejo, menos hombre y cortar el alma y el corazón en pequeños pedazos antes de ingerirla después de haberla regurgitado.

Una y otra vez.  Hasta que llega alguien que te abofetea la cara y hace que tiemblen los cimientos de tu materia gris, replanteándote tu vida, dispuesta a caminar por un sendero que finaliza en un banco donde contemplar el ocaso de tus días. 

"Él ya no está aquí, ni se le espera,
no hay noticias de su regreso, ni de su vida entera,
se marchó un día de otoño y murió en la carretera"
(Arri).



Éramos más de cerveza y rock and roll...