martes, 16 de octubre de 2018

3 a.m.

Y salimos del bar en mitad de la tormenta, sin paraguas, sin complejos, sin apenas remordimientos.

No corrimos a los soportales, caminamos bajo la lluvia saltando sobre los charcos, intentando lavar el alma, vaciar la mochila del pasado, resetear la mente y curarnos el alma. Deseamos que se nos calara la ropa para tener excusa para subir a casa. Jugamos a quitárnosla con prisa, a modernos, a besarnos, a tatuarnos las caricias en la piel, a quedarnos pegados por el sudor mientras follamos, a dormir abrazados, fingiendo que nos daban miedo los truenos y los relámpagos.

Nos despertó la mañana, con el sonido del viento que arrastra las semillas de los dientes del león y las pestañas sopladas, con el silencio que construyen los deseos de madrugada...

Y no tuvimos miedos, remordimientos, ni complejos, para decir "no te marches", ni contestar "yo me quedo". 

Qué bien te queda el vestido de escarcha - Vito.




jueves, 6 de septiembre de 2018

Constantinopla

El ceño fruncido, la mirada iracunda, los dientes apretados, casi más que los puños, los nudillos ya pelados de pelear a muerte contra todos los demonios que habitan en mí, sin ser capaz de vencerlos. El fuego rodeándolo todo, el calor, el sudor resbalando por cada centímetro de piel. Mi guerra eterna, sí, mía, y de nadie más, contra las circunstancias, contra el mundo, contra todo, contra todos, y sin ser capaz de doblegar el espíritu, sin rendirse, sin pestañear, sin notar, cómo, a cada uno de los golpes recibidos, el alma se ha ido resquebrajando hasta quedar hecho astillas. 

De repente, el derrumbe. 

Entre las sombras apareces, con túnica blanca y trenza romana, caminando entre llamas y demonios, te acercas y me miras. Te agachas y acaricias mi rostro, y te miro a los ojos...

Y despertamos, sin abrir los ojos, en el mismo bar donde te dije que no te enamoraras de mí. Te separas de mis labios, asustada.

Me miras desconcertada. El labio te tiembla, y hasta las manos. Los ojos se tornan vidriosos... Yo sigo impertérrito, esperando que gesticules, o me beses, o me hables. Cambias tu mirada, mezclas dulzura y misterio. Suspiras y me abrazas con ternura, agarrándome fuerte la espalda, mientras me susurras al oído: Creo que somos dos bonitos monumentos en ruinas.



Quiero mirarte a la cara y decir que sí (La Desbandada)

viernes, 31 de agosto de 2018

Índico

Estábamos en uno de esos sueños raros de los que nunca te quieres despertar.

Apareciste entre el mar y la arena, vestida de agua y sal, aún chorreando agua por cada uno de tus cabellos. Los ojos del color de las playas del Índico en Bali, la piel tostada y suave por la que las gotas echaban carreras suicidas hasta tocar el suelo. La sonrisa descarada y brillante, mientras te acercas a mí escurriéndote el pelo. 

Te sientas a mi vera, me sonríes y me acaricias el pelo, pasas tu mano por mi barba y te tumbas a mi lado. Mis manos empiezan a jugar con las tuyas, te busco las cosquillas y se te escapa una carcajada. Me abrazo a tus piernas y muerdo la parte de abajo de tu bikini, intentando quitártelo a bocados, sin vergüenza alguna. Sigo jugando con tu cuerpo, mientras tú juegas con mi corazón sin que yo me haya dado cuenta, y siento de cerca la serenidad y la calma, la paz más absoluta cuando me hundo en tus ojos, cuando me miras y dejo de sufrir por un momento.

De fondo el tic-tac del un reloj al que se le escapan los segundos, se le vuelan los minutos y se le destrozan las horas cayendo al suelo, como los besos que nos damos, que nos tiramos, que se nos olvida darnos, como las caricias que con arena pintamos en nuestras pieles. Y te despides de mí con un beso, diciéndome, que es hora de despertar...

Y desde entonces, todos mis insominios, llevan tu nombre.


"Los besos son gatos con más de ocho vidas" (Whisky Caravan).

sábado, 18 de agosto de 2018

Instrospección

- Creo que no deberías enamorarte de mí-dije apesadumbrado-.
- No entiendo por qué dices eso-dijo ella agarrándome las manos y mirándome a los ojos.
- Cierra los ojos y vuela conmigo, te lo enseñaré -y la besé.

Empezaron a fluir los pensamientos, las emociones, los secretos más oscuros. El tiempo se paró. Nadie más en aquella estancia podía ver, oír o sentir lo que en ese momento ella experimentaba, todo aquello que yo ya sabía. Comenzó sumergiéndose en el abismo de mis pupilas.

Un vergel de emociones convertidas en torbellino donde la risa y el llanto se mezclaban, donde la alegría bailaba un vals con la tristeza, y la ira permanecía atada a una camilla como el Dr. Lécter. Una habitación oscura, un anciano escribiendo con pluma, en el suelo cristales rotos, una botella de vino vacía, dos guantes de boxeo con la piel descamada, una margarita deshojada, las semillas de los dientes de león junto con las pestañas sopladas. Un cristo boca abajo y girado contra la pared. 

Y entre la podredumbre, el llanto de un bebé que desconcha con luz la oscuridad de las esquinas, que transforma al viejo en joven, y éste cambia la pluma por los guantes... Asómate a su cuna. ¿Te has visto? Eres tú con de pequeñita. 

Abriste los ojos... y me ahogué en ese azul intenso que tienen tus ojos.



"El mar siempre vencerá a la roca" (Arri).

viernes, 20 de julio de 2018

Salto de fe

No.

No me aguanto ni a mí mismo, cuanto menos al resto del mundo. Empiezo a cuestionarme si Darwin se equivocaba con la evolución o Spencer con la lucha del más fuerte. Eso ya no sirve. Cuando aguantas, cuando persistes, cuando resistes más de cien huracanes y tres mil tormentas, y justo cuando vas a tocar tierra quedas encayado en un arrecife, te preguntas si en realidad todo lo anterior mereció la pena. 

Hoy no vengas. No me mires. No me abraces. No me quieras. Ódiame tan fuerte como desees. Maldíceme. Insúltame. Olvídame. Escúpeme. Hoy no soy un ser humano, sino una sombra difuminada que cree que vive por el simple hecho de respirar, un misántropo empedernido asfixiado por el hastío que no es capaz de hablar. 

O ven rápido. Corre. Sálvame del peor de los enemigos, del insulto que escupe el espejo en forma de reflejo, de las violáceas ojeras, de mí mismo. Bésame hasta que se me cuarteen los labios, hasta que la piel se desescame y se caiga a tiras. Fóllame tan fuerte que olvide mi nombre, que la oscuridad de mi alma salga corriendo, que el sol se retrase unos minutos por dejarnos acabar. 

Y después no te asustes cuando veas las cicatrices que el paso del tiempo ha dejado en mi cuerpo y las heridas del alma que aún sangran. Acaríciame, bésame la frente, y dime que todo saldrá bien aunque sepas que es mentira, yo me lo creeré. 




martes, 10 de julio de 2018

Niebla

No sé si te he dicho que antes de acercarme a hablar contigo, he ensayado treinta veces este instante por los pasillos de mi mente, imaginando cómo sería.

Disculpa si se me lengua la traba, no sé si es el alcohol, o los nervios, o la torpeza y oportunismo que tengo para joder estos momentos. 

Le he rogado a Dios siendo ateo para que fueras algo más que un estereotipo, rezándole para que fueses otra especie en peligro de extinción como yo, que la tinta que llevas sobre la piel fluyera por tus venas y le diera forma a cada uno de tus pensamientos, que ese cuerpo de sirena fuera impulsado por una mente maravillosa dispuesta a comerse el mundo con los dedos. 

Entonces se inclinó hacia mí sonriendo, silenciándome con un seseo viperino e imponiendo su dedo índice sobre mis labios. Se acercó a mi oído y en susurros me dijo "No corren buenos tiempos para los poetas. Me besó en los labios, se vistió de musa, me guiñó un ojo, me llenó la copa y me escribió un verso incompleto de Neruda: "...para tu libertad bastan mis alas..." 

Quedé anclado a aquella barra esperando, haciendo un puzzle con los pedazos de su corazón roto, porque a los treinta no hay ningún corazón intacto.



lunes, 2 de julio de 2018

Shibuya

Cruzas de norte a sur mis pensamientos de vez en cuando, con descaro.

Llevas puestas las cuñas altas, los vaqueros rotos y un top ajustado. Vistes tu mejor sonrisa, la de niña buena, la de ángel pícaro que se coloca el pelo detrás de la oreja mientras baja la mirada al suelo. Y me miras, a lo lejos, desde la mitad de la calle, dejándome vislumbrar un tatuaje indescifrable de tu espalda.

No me muestras tu rostro, no me dices tu nombre, sólo dejas ver cómo tu sombra recorre mis eternas avenidas con un libro de Neruda y una rosa con espinas bajo el brazo. Dejas el perfume detrás de ti, la esencia de la libertad, la rebeldía de tus caderas al caminar, como miguitas de pan para que, en algún descuido, me agarres por detrás, me tapes los ojos y me acaricies el alma.

Esta noche te esperaré en la encrucijada, donde mi vida quiera dar un giro de noventa grados o acelerar sin mirar atrás, bailando solo, como los locos, al son que marquen los ruidosos pedazos de mi alma al chocar unos con otros.