martes, 10 de julio de 2018

Niebla

No sé si te he dicho que antes de acercarme a hablar contigo, he ensayado treinta veces este instante por los pasillos de mi mente, imaginando cómo sería.

Disculpa si se me lengua la traba, no sé si es el alcohol, o los nervios, o la torpeza y oportunismo que tengo para joder estos momentos. 

Le he rogado a Dios siendo ateo para que fueras algo más que un estereotipo, rezándole para que fueses otra especie en peligro de extinción como yo, que la tinta que llevas sobre la piel fluyera por tus venas y le diera forma a cada uno de tus pensamientos, que ese cuerpo de sirena fuera impulsado por una mente maravillosa dispuesta a comerse el mundo con los dedos. 

Entonces se inclinó hacia mí sonriendo, silenciándome con un seseo viperino e imponiendo su dedo índice sobre mis labios. Se acercó a mi oído y en susurros me dijo "No corren buenos tiempos para los poetas. Me besó en los labios, se vistió de musa, me guiñó un ojo, me llenó la copa y me escribió un verso incompleto de Neruda: "...para tu libertad bastan mis alas..." 

Quedé anclado a aquella barra esperando, haciendo un puzzle con los pedazos de su corazón roto, porque a los treinta no hay ningún corazón intacto.



lunes, 2 de julio de 2018

Shibuya

Cruzas de norte a sur mis pensamientos de vez en cuando, con descaro.

Llevas puestas las cuñas altas, los vaqueros rotos y un top ajustado. Vistes tu mejor sonrisa, la de niña buena, la de ángel pícaro que se coloca el pelo detrás de la oreja mientras baja la mirada al suelo. Y me miras, a lo lejos, desde la mitad de la calle, dejándome vislumbrar un tatuaje indescifrable de tu espalda.

No me muestras tu rostro, no me dices tu nombre, sólo dejas ver cómo tu sombra recorre mis eternas avenidas con un libro de Neruda y una rosa con espinas bajo el brazo. Dejas el perfume detrás de ti, la esencia de la libertad, la rebeldía de tus caderas al caminar, como miguitas de pan para que, en algún descuido, me agarres por detrás, me tapes los ojos y me acaricies el alma.

Esta noche te esperaré en la encrucijada, donde mi vida quiera dar un giro de noventa grados o acelerar sin mirar atrás, bailando solo, como los locos, al son que marquen los ruidosos pedazos de mi alma al chocar unos con otros.


jueves, 14 de junio de 2018

El Emplazado

Haz una introspección y no verás nada.

Tan sólo un desierto de sal, un páramo yermo donde nada crece. Cierra los ojos, intenta escuchar una voz que te guíe. El silencio contestará con alaridos. Olfatea el viento, intentando encontrar un olor familiar, un rastro de vida, un recuerdo inerte. Nada.

Bienvenido al cementerio de los románticos. 

Has envuelto en una paño de marcado acento romano los restos de un manido corazón palpitante. A cada latido, un poco más de veneno, a cada memoria, un centímetro más de herida, por cada promesa incumplida, un gramo de sal en ella. 

Un bandada de negros pensamientos se ciñe sobre ti, formando una nebulosa que no te deja ver el sol. Embalsama el corazón, riega las cicutas y ortigas que nacen de tu costado, sumérgete en el agua y deja que los bueyes del agua te embistan, limpiando tu ser, purgando la ponzoña, apretando tus purulentas llagas, repletas de odio, cargadas de incomprensión, y prepárate para un nuevo amanecer.


[Basado en el Romance del Emplazado, de Lorca].

martes, 29 de mayo de 2018

Tennessee

Salir a la calle y sentir la lluvia, bailar bajo ella, saltar los charcos o chapotearlos. Ver cómo por los regueros que ésta forma van descendiendo los restos de tiempos pasados, de corazones rotos, carcomidos, roídos por las ratas o picoteados por los cuervos. Y cómo, detrás de ellos, corren a ciegas recolectándolos, cientos de nuevos poetas de mierda, sin darse cuenta de que su falsa tristeza gris empieza a desteñir, impregnándolo todo, dejando a la vista la oscura bestia bastarda que vive bajo su piel. 

Yo veo todo esto desde detrás de mi ventana, descojonándome, con una copa con dos hielos y una botella de Jack Daniels, un folio en blanco y un boli bic.

La misma que escondías detrás de tu culo cuando venías a verme en lencería fina, el mismo licor que emanaba de tus labios cuando me abrazabas por detrás besándome en las mejillas, escueta de ropa, candente de pasiones. El mismo que era testigo de cómo tirábamos todo al suelo, nos arrancábamos la ropa y follábamos sobre el escritorio. 

Vuelve a visitarme con esa botella. Bésame esta noche. Abrázame mientras explota el mundo. Fóllame y no me dejes dormir, hasta que un futuro demasiado cierto nos atrape...

...el saber que serán los nuestros los siguientes corazones descuartizados que arrastrará la lluvia. 



"Le pedí a Dios que te protegiera siendo ateo" (Arri).

sábado, 26 de mayo de 2018

Agujeros de gusano

Se han escapado los días en los que caminábamos desnudos por la arena de la playa, en los que construíamos cabañas junto a lagos, en los que vestíamos las paredes con gemidos y flujos. Ahora vuelan gaviotas con la brisa del mar sobre los restos de nuestros castillos de arena, aquellos que el mar destruyó para escribir nuestro epitafio y que volverá a borrar para reescribir nuestros destinos.

Las horas perdidas llaman a la puerta, obedeciendo a un dios impetuoso y cruel llamado Tiempo, intentando que vuelen reproches, palabras sucias llenas de rencor, emborronando todo lo que un día fuimos. El estrés golpea las cabezas, la tuya, la mía, destroza corazones limpios, contamina emociones y sentimientos, atenaza el pecho, hundiendo sus garras justo por debajo de las costillas y dejándonos sin respiración. Aguanta el golpe. No te hundas.

Dentro de poco, seremos dos universos paralelos, dos realidades distintas, dos caminos que se miran sin llegar a tocarse, pero que se recuerdan, charlan y sonríen.




domingo, 20 de mayo de 2018

Noches

Le tengo miedo a las noches, a apagar la luz y que vengan tus recuerdos a mi mente, a que ninguno de los malos momentos se presente, y me obligue a recordarte tal como eres. 

A la sonrisa de niña pequeña, a la inocente sensualidad de una nínfula entrada en edad. Al tacto suave de tu piel, al despertar abrazados. Al disfraz que nos poníamos para evitar admitir que estábamos hechos pedazos, que éramos irreconstruibles. A los besos y abrazos que sólo fueron cuidados paliativos, dulces y mórficos, que nos llevaron hasta el punto omega. 

Nos despedimos sin decir adiós, llorando por una segunda parte, cuando yo esté menos roto, cuando tú estés menos descosida, cuando queramos volver a vernos, cuando queramos cerrar la herida.



"Se llenan los sumideros de palabras, de promesas, de tequieros..." (Martín Romero).

miércoles, 18 de abril de 2018

Dos rombos

...ha decidido seguir mis huellas ensangrentadas, hacer como si no hubiera pasado nada, llamar a mi puerta, donde colgaba mi esquela, y preguntar si aún vivía allí. No le importaron los nidos de cuervos, ni el alambre de espino, ni los campos de minas, tampoco la oscuridad perpetua, el olor a cerrado, ni las decenas de botellines de Mahou cinco estrellas tirados por el salón. 

Abre la puerta y me encontra como otras tantas veces, en pantalón, frente al espejo, dudando sobre qué coño hacer con el pelo de mi barba. 

Me abraza por detrás, por debajo de mis hombros hacia arriba, y coloca su cabeza detrás, quizás para cercionarse de que no haya ningún impulso eléctrico. Después asoma la cabeza y sobre mi hombro y me susurra al oído una de esas mentiras que tanto me gustaba oír: "Te he echado de menos". 

Estallan en pompas verdes algunas de las mariposas vomitadas, otras, alicortadas, intenta trepar por el borde del lavabo, las menos, con un ala completa se suicidan intentando echar a volar. No hay mucho más que decir.

Una mano al cuello, la otra a las manos, y un beso mordido con rabia y lascivia, en los labios, mi mano bajando por tus senos, mi lengua rozando tu cuello. Te encorvas mientras te sigo recorriendo, el piercing de tu ombligo, un pellizco. Mi nueva habilidad de desabrochar tu falda con una mano, bajar la cremallera y palpar por dentro de tu tanga. Me miras a los ojos y exhalas. Sabes lo que va a pasar. Y no pestañeo. Índice y anular haciendo círculos por dentro, llamando a las puertas del cielo, antes de que se abran y salgan tus flujos. Otro beso, casi sádico, cuando se abre tu entrepierna, y tus ojos se cierran. 

Caen al suelo las vergüenzas, la falda, los miedos, los insultos, mis pantalones, tu tanga, las veces que nos hicimos daño sin querer. Te apoyas en el lavabo, frente al espejo. Yo me agacho, tú te inclinas, y me dejas hacer esas cosas que tanto nos gustaban, lengua, dedos, cavidades corporales, saliva y flujos, gritos y temblores, casi mareos. 

Después me incorporo, y te penetro, mis dedos a tu boca, la mano a tus caderas, tu culo hacia atrás. Empujas. Empujo. Nos miramos en el espejo, sin reconocernos pero sin parar, mi mano en tu pecho, con el sudor resbalando por cada centímetro cuadrado de nuestra piel de lobo, piernas abiertas, pezones duros, gemidos de placer, nombrar a Dios en las tres décimas de segundo anteriores a corrernos. Los temblores, la flojera de piernas, la paz inmensa de diez segundos al sentirnos vulnerables que desaparece cuando subes tu falda y yo decido seguir escrutando mi tez, pensando qué cojones hacer con mi barba. 



"Acércate despacio y cómeme deprisa que me sobra todo menos tu piel" (La desbandada)