martes, 7 de abril de 2026

Vian

 “¿Qué haces aquí tan sola?”
La pregunta acostumbrada,
“Yo estaba buscando una loba
que me arañara hasta el alma”,
con su ojos como auroras
me sonrió descarada
“¿Quieres besarme ahora
o lamentarte mañana?”

El viento arrastra un aullido de todas aquellas versiones alternativas de un futuro no vivido y de un pasado escrito, golpea en la cara fuerte como la arena, hace que claves tus pies en el suelo y te inclines hacia adelante, sin saber que no servirá de nada. Como escribía José Javier, yo seré el testigo de cuántos “cómo hubiera sido” enterraré conmigo.

El presente ahoga, agarra por la garganta y lame la cara mientras te susurra “vive mientras puedas”. Y en ese instante se amontonan en mi retina todo aquello con lo que había soñado desde que era un crío. Supongo que será la edad, que los objetivos vitales cambian, o quizás sea una reticencia expresa a admitir el fracaso.

Entre tanto un impulso recorre el pecho, como un torrente de sangre, una voz dormida, un grito ahogado y unas ganas de salir corriendo hasta cruzar el horizonte.



No hay comentarios:

Publicar un comentario